Con motivo de la Semana Europea de la Movilidad 2021

Actualmente estamos inmersos en un proceso de cambio en los medios de transporte y las pautas de movilidad. La descarbonización de la movilidad parece que es una realidad. Actualmente se enfrentan tecnologías que están alcanzando un elevado grado de desarrollo, frente a tecnologías incipientes que se abren hueco en el mercado de la movilidad, por ejemplo electricidad, gas, hidrógeno,…

La actual variedad frente a los tiempos necesarios para implantar las tecnologías, adaptar los sistemas productivos y las redes de distribución tanto eléctrica como de nuevos combustible, provocan una cierta incertidumbre en los usuarios.

La financiación europea del septenio 2013-2020 apostaba firmemente por la movilidad eléctrica. Hemos comprobado como se destinan ingentes inversiones para conseguir implantar “electrolineras” y favorecer la adopción del vehículo eléctrico. Si bien es en este 2021 cuando aparecen los primeros frutos, y ya todos hemos visto algún vehículo eléctrico circulando por nuestras calles, aunque su adopción está lejos de ser masiva.

Por otro lado, el futuro cercano parece que no será eléctrico, y es que las instituciones europeas apuestan firmemente por el hidrógeno. La prueba la tenemos en los Fondos Next Generation, que ya destinan parte del presupuesto de movilidad al despliegue de puntos de recarga para vehículos de hidrógeno y plantas de producción de hidrógeno verde (es notable destacar que gran parte del hidrogeno actual se obtiene de combustibles fósiles).

La agenda europea para el hidrógeno señala que para antes del 2030 se debería alcanzar la producción de 10 millones de toneladas de hidrógeno verde, y a partir del 2030 desplegar masivamente el hidrógeno como alternativa a los combustibles fósiles.

Actualmente según el centro nacional del hidrógeno en España se contabilizan 5 hidrogeneras (2 en construcción) y ya existen 2 modelos de hidrógeno. Empieza la carrera para averiguar si el hidrógeno será el combustible del mañana.

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